

Una prestigiosa residencia histórica donde disfrutar de una estancia alejada de la rutina diaria.
Reconocido como uno de los castillos más bellos del centro de Italia, Septe goza de una posición envidiable: extendido a lo largo de la cresta de una colina que domina el valle del Sangro, dirige la mirada, por un lado, hacia el mar Adriático y, por el otro, hacia la cadena de los Apeninos.
Convertido en hotel tras una restauración que duró varios años, fue declarado Monumento Nacional por el Ministerio de Bienes Culturales italiano.
Historia
El origen del Castillo de Septe se remonta al fascinante y misterioso Medioevo, concretamente a la época longobarda (siglos VI-VII). En aquellos tiempos el castillo era una fortificación en la que herreros y artesanos forjaban metales para fabricar las armas de la época, y albergaba a un gastaldo de nombramiento real encargado de proteger las tierras llamadas «arimannie».
En 1259, bajo el poder del rey Manfredo, hijo del emperador suabo Federico II de Sicilia, la ciudad de Lanciano fue declarada tierra demanial y se le otorgó el castillo.
En 1266, tras la derrota sufrida en la batalla de Benevento, Lanciano perdió los privilegios de la demanialidad, que solo recuperó más tarde, en 1303, por concesión de Carlos de Anjou.
La construcción «primitiva», tanto por avatares bélicos como por cataclismos naturales —como el terremoto de 1660—, fue destruida y reconstruida en diversas ocasiones. Sus ruinas y los bosques circundantes fueron a menudo refugio y guarida de bandas de bandoleros.
En 1623, al haber acumulado con el tiempo numerosas deudas, la ciudad de Lanciano decidió que el castillo, junto con otros bienes, fuera vendido a particulares.
La baronesa Chiara De Osses, sin herederos, en 1721 dejó la fortaleza a un primo lejano, miembro de la dinastía de los Genoino. Don Domenico Genoino, senador del Reino de Italia, llevó a cabo algunas obras para poder disfrutar del castillo como residencia privada y lugar de veraneo, «tratándose de una residencia muy deliciosa», como él mismo señalaba en un escrito.
Antes de la Gran Guerra, el último noble que realmente habitó la fortaleza fue el conde Antonio Genoino: figura simpática y elegante caballero de vida brillante. Numerosas fueron las fiestas memorables que se celebraron en aquellos años entre los muros del castillo, donde el conde recibía en sus salones a la élite de la sociedad. Los bailes hicieron época por su gran esplendor, elegancia y vida social. En este ambiente de cuento se entrelazaron numerosos idilios y relaciones sentimentales, algunos de los cuales han pasado a formar parte de la cultura popular de la Frentania.
El castillo fue testigo, al sufrir los bombardeos, de la batalla final de la Winter Line en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, en el transcurso de la cual quedó casi por completo reducido a un montón de ruinas.
| Código CIN: | IT069056A137P4CYNK |