

El Palazzo Acciaiuoli se erige en 1341 por voluntad del Gran Senescal, Primer Ministro y Condestable Niccolò Acciaiuoli, uno de los hombres más ilustres y poderosos de la ciudad en su época. Seiscientos años de historia de la familia Acciaiuoli, güelfos huidos de Brescia en el siglo XII para labrarse una fortuna no solo en Florencia, sino también en el Reino de Nápoles y hasta en el Ducado de Atenas, quedan encerrados entre los muros del Palacio.
Construido en rústico almohadillado de piedra forte y sillarejo, desde el punto de vista arquitectónico el Palazzo Acciaiuoli tiene el aspecto propio de las fortalezas urbanas. Tres órdenes de ventanas en arco, subrayadas por cornisas de imposta, marcan el ritmo de la imponente fachada de tres plantas, una de las más majestuosas de Florencia.
Amplias ventanas se abren en las plantas superiores, alineadas con los arcos de la planta baja, mientras que otras más pequeñas iluminan el entresuelo de la primera planta.
Además, en la planta baja, la fachada cuenta con cuatro portales de medio punto, cerrados con hojas de madera y clavos de hierro: antiguamente daban acceso al palacio y a los locales donde se instalaba el mercado.
En la fachada está esculpido también el escudo de la Certosa unido al de los Acciaiuoli: dos leones que sostienen banderas con flores de lis, con la cruz del Calvario en el centro y la inscripción Certosa. Todo ello recuerda que, a su muerte, Niccolò Acciaiuoli legó el Palacio entero a la Certosa del Galluzzo, de la que había sido fundador.
Muchos pequeños detalles llevan de vuelta en el tiempo, hasta el origen del Palacio: los antiguos portaantorchas, los portaestandartes, las anillas para atar las riendas de los caballos y los ganchos en forma de erre o de cigüeña para las pértigas de madera donde se colgaba la ropa o los preciosos cortinajes que adornaban la fachada durante las fiestas de la ciudad.
En el interior del Palacio, partiendo del gran salón de la tercera planta, una escalera de madera da acceso a una auténtica joya, la histórica Torre del siglo XIII, erigida por los Buondelmonti e incorporada más tarde al Palazzo Acciaiuoli por voluntad del mismo Gran Senescal.
Desde el siglo XIV hasta las invasiones napoleónicas y la supresión de las órdenes monásticas, el Palazzo Acciaiuoli siguió siendo propiedad de los frailes cartujos.
El Museo del Bargello conserva todavía un valioso lavabo con los escudos Acciaiuoli y Federigi que se encontraba en una de las salas del Palacio, y algunas leyendas de la ciudad siguen ligadas a la Torre y a las familias históricas de Florencia.
La Torre, además de ser el edificio privado más alto de la ciudad, es una de las pocas construcciones medievales que quedan en Florencia. Su imponencia sigue elevándose sobre la ciudad, dominando la totalidad de su historia con una formidable vista a 360°.
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